No hay cosa peor que la miseria, y peor si cabe la miseria humana. Aquella que desde el interior del ególatra ve el mundo exterior en dos tonos, en una dualidad miope. Aquella que desde el colorido interior pintado a trazos por un ego insaciable no es capaz de discernir la realidad de su propia ficción. Engendros de la naturaleza humana, desperdicio de la inteligencia.
¡Oh, que desastre se cierne sobre el ególatra! Él, engreído en su particular mundo de color no aprecia su miseria interior cuya soberbia enmascara la ruina de su persona, ya abandonada por quienes le quisieron en alguna vez y en su ceguera y orgullo dejó ir. Su premio es tan solo la soledad, la lenta descomposición cuyo único sonido que oye es la pandereta de los oportunistas y de lenguas viscosas.

KUM3518final1000© Pedro Uribarri.
Aliste (Zamora) Spain. 2015