Andar por el monte, solo. Tú y tu cámara. La mirada del lobo, el sonido de los pájaros, rocas que suenan tras el invisible paso de los venados. Esa es la partitura que te acompaña.
El verde. Ese frondoso manto vegetal entre árboles y bosque bajo que te engulle sin saber a veces a dónde vas.
Cuando voy al pueblo nunca dejo de caminar por esas rutas olvidadas de la civilización, donde la naturaleza campa a sus anchas entre el fino hilo que separa la vida de la muerte en cada especie animal. Sólo ellos son conscientes de hoy, del presente, porque mañana amanecerá un nuevo día y tan solo la rocas quedarán impasibles ante el pasado.

Montaraz© Pedro Uribarri. 2015