Borrachera olfativa
La fatiga olfativa
Entre los aspectos que más cuesta entender a mucha gente es lo que denomino «borrachera olfativa». El término correcto y científico para lo que comúnmente llamamos «borrachera olfativa» (cuando saturas tu nariz probando perfumes o aromas) es fatiga olfativa o adaptación olfativa. Pero como mayoritariamente se conoce coloquialmente como «borrachera olfativa», lo seguiré usando para que se entienda bien de qué hablamos.
Esto provoca en quien lo padece la sensación de que el perfume ya no es lo que era en principio: pierde fuerza, no se percibe o bien la sensación de intensidad baja exponencialmente. Te preguntarás por qué ocurre esto. Conviene explicar primero cómo funciona nuestro olfato, cuál fue su principal función, y luego entender que eso que pasa normalmente a la mayoría de las personas es algo muy normal. Cuando ocurre esto, genera en la persona una ilusión de que el perfume, fragancia, etc., ya no huele. Que la fórmula ha cambiado, que la calidad es peor, y no es así: el tiempo y el continuo olfateo/olisqueo del aroma impregnado en el cuerpo o en el ambiente crea una especie de «desconexión» o, mejor dicho, falta de atención del hipocampo hacia las moléculas olfativas que llegan a nuestra nariz.
Luego algunos vendedores o comerciales te afirman que oliendo granos de café se vuelve a apreciar la fragancia. No, no es cierto; es un mito.
El mito del café. No para oler, sino para beber
Sobre el mito del café, carente de base científica, existe la idea de que oler granos de café «reinicia» o «despeja» el olfato cuando estás probando perfumes. Solamente es una especie de placebo y un juego comercial. Científicamente, el café no tiene ninguna propiedad molecular que elimine los aromas de los receptores nasales. Hay varios artículos de la Dra. Alexis Grosofsky en la Universidad Beloit College que demuestran que el café funciona exactamente igual que oler rodajas de limón o respirar aire fresco.
Por lo tanto, la exposición prolongada a un aroma normalmente hará que tu olfato se habitúe hasta tal extremo que, de oler continuamente las moléculas, acabe produciéndose una fatiga olfativa y el cerebro deje de prestar atención. Dando así esa percepción de que tu perfume ya no es el que era, siendo el mismo de siempre.
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